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¿Qué es "El Reto del Ornitorrinco" y por qué es tan difícil de superar?

  • Foto del escritor: José Manuel Lomelí
    José Manuel Lomelí
  • 23 mar 2020
  • 7 min de lectura

Hay un dicho que dice: “si tiene pico de pato, patas de pato, plumas de pato, anda como pato, grazna como un pato y hasta parece un pato, entonces debe SER un…”


…EXACTO! ¡UN PATO! ¿O no? Bueno, seguramente haber descubierto la infidelidad de tu pareja te está haciendo sentir una incógnita tan grande como la que sintieron un grupo de biólogos en el siguiente relato.


Imagina que vives en 1798 y eres un(a) notable biólogo(a). Cierto día, un capitán (que por cierto es gobernador de la región), te hace llegar la piel de un animal muy raro que acaba de encontrar, junto con un bosquejo para que puedas darte una idea de cómo se veía cuando estaba vivo, y también para que le digas de qué especie se trata.


El animal en cuestión es tan raro y novedoso que decides pedir ayuda a tus colegas. Sus características son tan raras que la gran mayoría piensan que seguro se trata de una broma pesada de un taxidermista que tuvo la ocurrencia de coser el pico de un pato al cuerpo de un castor.


Uno de estos colegas decide llevarse la piel y estudiarla con más detalle. Luego, al año siguiente, publica un reportaje en una prestigiosa revista sobre biología. Finalmente, ya para el año de 1800, la comunidad científica determina que efectivamente se trata de una nueva especie, y deciden bautizarla bajo el nombre oficial de Ornithorhynchus Paradoxus. Gran día para la ciencia, el ornitorrinco acaba de ingresar a la lista oficial de especies reconocidas y estudiadas por el ser humano. (De hecho, se le dio un nombre previo, pero después se dieron cuenta que ese nombre ya se lo habían asignado a un tipo de escarabajo).


Ahora, lo que quiero resaltar de esta historia es la sensación de enojo (y seguramente de cierto grado de indignación) al sentir que alguien estaba tratando de burlarse de sus conocimientos e inteligencia. ¿Quién podía ser tan cínico como para atreverse a semejante broma? Sin embargo, conforme estudiaban el espécimen en cuestión, más se daban cuenta de que se trataba de algo real. ¿Te suena familiar?


Lo curioso del asunto es que pensaban que se trataba de una mezcla entre un pato y un castor. ¿Y por qué esto es una parte importante de mi relato? Porque me sirve para ejemplificar un punto: los biólogos se apoyaban en sus esquemas y conceptos para intentar explicar a qué especie pertenecía aquella rara piel. El problema estaba en que lo que tenían frente a sus ojos se salía del paradigma tradicional en el que ellos se apoyaban para darle un sentido a la realidad.




Al inicio hacía referencia a la frase de que, si tiene pico de pato, patas de pato, plumas de pato, anda como pato, grazna como un pato y hasta parece un pato, entonces debe SER un pato. En muchos sentidos, nuestra cultura promueve un aprendizaje similar con respecto a lo que implica ser pareja, especialmente en el tema de la fidelidad.


¿A qué me refiero? Socialmente a las personas se nos enseña que ciertos

comportamientos son propios de dos personas sólo cuando conforman una pareja. Por ejemplo, ciertas miradas, las cosas que se vale decir, la forma de tocarse e incluso las partes del cuerpo que se permiten tocar. Así, aprendemos que cuando dos personas comparten eso es porque seguro se trata de una pareja.


Y aquí es donde empieza parte del problema. Haber descubierto la infidelidad de tu pareja hace que muchos de tus esquemas y paradigmas de referencia sean cuestionados. De hecho, la gran cantidad de preguntas que surgen en la mente de la persona engañada son un reflejo de la necesidad que el cerebro tiene de información que le permita darle un sentido a la realidad. ¿Te imaginas todas las preguntas que los biólogos se hicieron al ver la piel del ornitorrinco? ¿Puedes pensar en cuántas veces la tomaron para examinarla de arriba a abajo?


Regresando al punto. Te puedo asegurar que una de las dudas que se repite constantemente en tu mente es: y después de tu infidelidad… ¿qué carajos somos ahora? Una respuesta fácil sería decirte que todo depende de lo que tú consideres que es una pareja. Pero ahí es justo dónde radica tu problema: después de su engaño tu definición de pareja ya no parece tan sólida (al igual que les sucedió a los biólogos después de conocer al ornitorrinco, sus parámetros de clasificación ya no parecían tan firmes como para explicar la realidad).


Ahora, emocionalmente es muy probable que te sientas en una especie de limbo. Por si esto fuera poco, los esquemas actuales de lo que es o cómo debe ser una pareja también han sufrido modificaciones. En ocasiones me ha tocado abordar el tema con pacientes que sienten ansiedad porque no han hablado sobre cómo definir una nueva relación después de que el nivel de intimidad ha ido más allá de lo que se espera para una simple relación entre amigos o conocidos (ya sea porque se besaron, tuvieron relaciones sexuales o se contaron cosas demasiado personales). Conceptos como: “free”, amigos con derechos, amigovios, y todo un sinfín más, complican la tarea de definir exactamente en qué nivel de vinculación emocional y compromiso se encuentran las personas.


¿CÓMO SALIR DEL ATOLLADERO?


Aquí es donde el tema de los límites adquiere una importancia enorme. Los límites no sólo nos protegen del daño, sino que nos ayudan a darle sentido a nuestro entorno. Un animal que cumple todos los criterios para ser un pato será catalogado como tal. ¿Pero y si no se cumplen todos los criterios de manera estricta? ¿Qué hacer entonces?



Regresemos al momento en que los biólogos se quebraban la cabeza tratando de entender qué clase de animal era el ornitorrinco. Este curioso animal rompió varios moldes, entre ellos, es de las pocas especies que entra dentro del grupo de los mamíferos, pero que nace de un huevo. Como puedes ver, a veces la realidad nos obliga a estirar un poco nuestros conceptos para poder dar cabida en nuestra mente a sucesos que, de otra manera, quedarían sin ser clasificados ni asimilados.


De igual forma, la infidelidad de tu pareja te obligará a integrar conceptos que antes no formaban parte de su identidad. Muchos de estos nuevos conceptos corren el riesgo de “marcar” negativamente a tu pareja. Es difícil evitar usar etiquetas como: mentiroso(a), hipócrita, embustero(a), traidor(a), etcétera; que terminan convirtiéndose en una especie de tatuaje difícil de borrar.


El reto está en no permanecer en los extremos. Difícilmente podrás recuperar, ya no digas el cariño, sino el respeto por tu pareja si esas imágenes tan negativas no logran ser cambiadas. Tu mente se enfrentará a la tarea de integrar una visión mucho más humana de tu pareja y seguramente te será difícil negar cosas como que haya sido capaz de mentir si se lo propone, o de que puede llegar a atreverse a ir más allá de la exclusividad que había prometido.


¿Estás diciendo que tengo que aceptar (“doblegarme ante”) todo lo que mi pareja hizo? La respuesta es no. No estoy diciendo eso. Simplemente estoy diciendo que una infidelidad implica un suceso traumático que trae como consecuencia indeseable, el tener que replantearnos nuestras creencias, nuestros esquemas y, por ende, nuestra identidad. ¿Quién soy y cómo me voy a definir ante los acontecimientos que estoy viviendo?


No se trata de tomar una decisión a la ligera. Los parámetros que uses para definir lo que es (o no es) una pareja luego de una infidelidad, determinarán en gran medida las posibilidades de reconstruir o no la relación. ¿Qué características consideras que son indispensables para que dos personas puedan considerarse a sí mismas como una pareja?


Ahora que has descubierto su infidelidad es probable que te des cuenta de que hay ideas, conceptos o esquemas que necesitan ser modificados. Quizás encuentres que cosas que antes considerabas poco importantes, hoy han adquirido una importancia enorme (o al revés, cosas que creías importantes hoy no lo son tanto).


A modo de resumen (y lo digo porque sé que este tema no se agota aquí), sólo quiero recalcar que tras el descubrimiento de una infidelidad ninguna relación de pareja vuelve a ser igual. Y esto es así porque no se puede desaprender lo aprendido, ni ignorar lo sabido.


EL RETO DEL ORNITORRINCO


¿Qué es entonces lo que yo llamo: “El Reto del Ornitorrinco”? Se refiere al hecho de que una infidelidad cuestionará tus creencias, y pondrá a prueba tu resistencia para adaptarte a la adversidad. Más aún, te obligará a darle un nuevo significado a muchas de las cosas en las que solías creer y de los principios en los que basabas tu relación de pareja. Clasificar a un ornitorrinco como un pato o como un castor, evidentemente es un error.


Lo complicado es que muchas personas de tu entorno que sepan de tu situación tratarán de convencerte para que la veas de manera polarizada (o lo clasificas como pato o lo clasificas como castor). Pero hacer esto implica tratar de simplificar demasiado las cosas y no nos previene del peligro que corremos si no sabemos cómo manejarlo. Por cierto, había olvidado mencionar que el ornitorrinco es venenoso. Una picadura causa un dolor tan intenso que ni la morfina lo calma, además de que puede llegar a durar varios meses. Créeme que la comparación con la infidelidad no ha sido por mera casualidad.


A riesgo de parecer repetitivo, un ornitorrinco requiere cuidados diferentes que un pato o un castor. Lo mismo sucede con relaciones que han enfrentado una infidelidad, requieren un cuidado especial que otras relaciones no requieren (al menos no por el momento). El problema es que la sociedad y nuestra cultura actuales parecen negar la existencia de los ornitorrincos, de ahí que nadie sepa exactamente qué hacer o cómo actuar cuando encontramos uno en nuestra casa. Es más, muchas personas intentarán convencerte (al igual que los biólogos de nuestra historia inicial) de que seguro se trata de una broma pesada.


No entres en pánico. Mientras más aprendas sobre el cuidado que requiere un ornitorrinco, estarás en mejores condiciones para saber si eres capaz de hacerlo o si es algo que rebasa tus límites.

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© 2021 - José Manuel Lomelí

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